ME DIJERON

Me dijeron que después de la tormenta siempre llega la calma. Que lo malo no es tan malo como parece, y que después de lo bueno, viene lo mejor. Me dijeron que la cara con una sonrisa cambia. Y eso hice, sonreír. Porque también me dijeron que la línea que más debes de cuidar es la de tu sonrisa. Que nadie debe quitártela. Me dijeron que los problemas no se solucionan si no se afrontan. Que hay que trabajar duro para conseguir lo que se quiere. Que solo si se quiere, se puede. Me dijeron que las oportunidades llegan, y es elección tuya cogerla o dejarla ir. Me dijeron que los pequeños detalles son los que cuentan. Que pequeños instantes son grandes momentos. Y que hay que aprovechar cada segundo que te da la vida. Puede ser el último.
Me dijeron que no hay que tener miedo. Que eso es solo algo psicológico. Me dijeron que sólo cuando no piensas en lo que va a pasar, empiezas a disfrutar de lo que está pasando. Y que cuando dejas de tener miedo, es cuando empiezas a disfrutar. Me dijeron que las cosas claras, y el chocolate espeso. Que todo saldrá bien. Y que todos los triunfos nacen cuando nos atrevemos a comenzar.
Me dijeron que no a cualquiera se le llama amigo. Y yo tuve la suerte de conocer a quién realmente lo merecía. Me dijeron que la familia no se elige. Y para qué. Si me tocó la mejor. Me dijeron que no hay mal que por bien no venga. Que las batallas más duras están para los luchadores. Para los que se atreven. Para los que tienen la valentía de arriesgar. Y ganar. O perder pero saber levantarse.
Me dijeron que el nuevo año está a la vuelta de la esquina. Y yo ya estoy nervioso. Me dijeron que llorar nunca fue de cobardes. Y que hay que reír hasta que te duela la barriga. Porque eso sí que sienta bien.
Me dijeron que tú y yo siempre es una buena idea. Que no debemos estar con alguien porque sin ella morimos, sino porque con ella vivimos. Me dijeron que hay que mirar el vaso medio lleno. Que hay que pasar página. Y que una hoja en blanco solo es el comienzo de algo. Y que no hay nada imposible.
Me dijeron que entre el blanco y el negro hay una amplia gama de grises. Pero yo soy más de colores. Me dijeron que antes de decir no me gusta, hay que probarlo. Que los domingos no son tan malos si sabes con quién compartirlos.
Me dijeron que no desperdiciase ni una sola oportunidad. Ni un solo segundo. Que el tiempo pasa volando. Y cuando pasen unos años, sólo querremos volver. Pero ya será tarde. Me dijeron que así se es mucho más feliz. Me dijeron tantas cosas. Tantas. Que las apliqué una a una.
Me dijeron que lo mejor aún está por venir.
No lo olvides

va a ser Navidad

Bueno pues ya casi metidos en fiestas navideñas. Quienes  me conocen saben que no me gustan, no por no tener espíritu navideño, no, es porque me trasmiten nostalgia. Te hacen viajar en lo más profundo de nuestra mente. Desempolvando  recuerdos. Buenos y malos.

Acordarte de aquellos que no están, que los recordamos cada día, pero en estas fechas, más intensamente. Y también son fechas en las que todos hacemos balance del año que a punto está de dejarnos. Repasamos lo hecho, lo acontecido, lo que hicimos bien y lo que hicimos mal.

En algunos casos  las rencillas o “asuntos a resolver” se arreglan las familias, los padres. Hijos, etc., se reencuentran. Nos volvemos más blandos  e intransigentes. …Puede, quizás. Yo lo que si se es que añoro esas navidades donde cada hogar rezumaba paz, amor. Cariño. Ilusión. Respeto esa calidez, no sé si sabéis a lo que me refiero. Pues bien eso, eso que yo reclamo, lo tengo gracias a mis dos peques, que lo que no logren ellos. Hacerme feliz, inmensamente feliz. Y desde entonces nada pido a esta vida salvo que me los cuide y proteja.

Ya me voy a ir despidiendo, no sin antes dedicar este post a mi familia y amigos y al resto de personas que en algún momento de mi vida, llegaron, algunos siguen en ella, otros no, pero si siguen y seguirán ocupando un sitio en mi corazón.

Mis queridos amigos, compañeros y lectores…Este  que os escribe…os desea…

Feliz Navidad y mis mejores deseos para  el 2016

Para la gente hipócrita que me hiere y lastima

Todos vivimos en sociedad, nadie puede vivir en una cueva aislado.
Estamos rodeados de todo tipo de personas, familia, conocidos, buenos amigos, amigos falsos, y gente envidiosa e hipócrita que dan un ojo por ver a otro ciego.
Por suerte no todos son así.
No obstante tenemos que vivir en constante alerta porque nunca sabemos las verdaderas intenciones de nadie.
No es fácil pero es necesario.
No sabemos quién se interesa por nosotros de forma sincera y quien lo hace solo por enterarse de nuestros problemas, para después disfrutar con ello.
En tu lucha en la vida diaria no esperes palmaditas de ánimo de nadie en tu espalda, pero no obstante sigue adelante.
Aunque recibas bofetones y te encuentres desilusiones, sigue siempre hacia delante y lucha por tus sueños.

A quien te dejó marchar

Leí una vez, que cuando no podemos expresar nuestros sentimientos porque las palabras se agolpan en la garganta, cuando no nos va a escuchar quien tiene que hacerlo o cuando, simplemente, es mejor quedarse en silencio, lo mejor es escribirlo. Y funciona. Me funcionó en su momento. Hoy, me he visto reflejado en las pupilas de un desconocido y me he reconocido, tiempo atrás, en una situación similar. Por ello, he escrito estas letras. Para todas aquellas personas que necesitan decirse algo a sí mismas y a alguien en especial.
No se trata de rencor, no se trata de querer y no poder. Que no queremos cambiar nada y de nada serviría poder hacerlo. Simplemente, se trata de leer estas palabras, y sobre todo, de que alguien las lea. Porque en algún momento de tu vida, alguien te dejó marchar, y aunque haya llovido bastante desde entonces y sus huellas se hayan borrado por completo, de vez en cuando, recuerdas que un día alguien te dejó marchar. Y hoy, simplemente, quieres darle las gracias porque sin él, o sin ella, y esos días grises, hoy todo sería diferente. Por lo que, a quien nos dejó marchar le doy las gracias, por habernos construido.

Hubo días malos. No vamos a fingir que no ha sido así. Hubo días muy malos. No sé si los hubo para ti, me imagino que sí. Cuando algo se acaba, aunque una de las partes esté totalmente convencida, siempre duele. No porque tengamos alguna duda, ni porque no lo deseemos, sino porque en algún momento, cuando todo comenzó, pensamos que el final no llegaría nunca. Y sin embargo, llegó, porque todo acaba, de una manera u otra.
Pero también hubo días buenos. En los que comparas, y te das cuenta de que tal vez es mejor así. Y que, probablemente, hubiera sido mejor así desde hace más tiempo del que queríamos creer. Que nos aferramos tanto a algo, simplemente por rutina o por comodidad, que olvidamos todo lo bueno que nos estamos perdiendo. Y me resulta sorprendente, cómo una persona puede cambiar, moldearse hasta perder su esencia y volverse en blanco y negro, perder todo el color.

No te deseo nada malo, de hecho, espero que encuentres tu camino y la felicidad y, que esta vez, no tenga punto final. Digamos que este es momento “Someone like you” de Adele pero, bromas aparte, has de saber que no hay aversión en mis palabras. Que, simplemente, las cosas no siempre salen como queremos. Que esa frase de “no eres tú, soy yo” tiene más sentido de lo que queremos creer. ¿Que qué pasó? La vida. De nada sirve estar con alguien por pena o compromiso, simplemente es alargar lo inevitable. Has de saber también, que las cosas se pudieron hacer mejor, pero que tampoco es fácil. Que los hechos se van desencadenando un poco al azar y otro poco con la mala suerte.
No lo sé. No sé qué pudimos haber sido. Y ahora, la verdad, no me importa. Me importó en su momento, y esa idea rondó por mi cabeza hasta que mi imagen de ti se difuminó y se perdió entre mis recuerdos. Porque, si algo tengo claro, es que siempre permanecerás ahí, en alguna parte de mi memoria, como alguien especial. Que si nos encontramos, no quiero que actuemos como desconocidos, porque si algo duele realmente es fingir que algún día no fuiste importante para mí.

Pero alguien ocupó tu lugar. No tiene por qué ser una pareja. Tal vez fue una amiga, un amigo, tal vez un familiar, un compañero, un hobby. Y, obviamente, alguien ocupó el mío. Y así es como ha de ser, no quiero huecos vacíos en ningún corazón. Pero también tengo que decir, a quien me dejó marchar, que es una decisión con la que tendrás que cargar el resto de tus días. Que puedo prometerte, que jamás encontrarás alguien como yo, al igual que estoy seguro que nunca conoceré a nadie como tú. Porque todos somos únicos, inigualables, especiales desde los pies a la cabeza. Que nadie te volverá a mirar con los mismos ojos, ni te sonreirá de la misma manera. Que nadie volverá a hacerte reír del mismo modo. Ni a hacerte llorar. Y tal vez, en algún momento, cuando creas que me olvidaste, alguien pasará a tu lado con mi perfume y durante unos segundos volverás tiempo atrás. Y pensarás. Pensarás en mí.

Hay historias que nunca acaban pero, del mismo modo, hay otras que nunca llegaron a empezar. Te deseo lo mejor a ti, y a quien te dejó marchar, por hacernos libres.